El perdón

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Mily Zavala Moreno

Las emociones en el deporte

Hola amigos de Diagonal Sport, es un gusto saludarlos nuevamente.

En esta ocasión hablando de un tema muy importante para salud física, mental y espiritual del ser humano: Perdonar.

 

¿Alguna vez has vivido el rencor o el resentimiento?Alguien hizo o dijo algo que te hizo sentir lastimado profundamente, o tal vez NO hizo algo que tú supones que debió hacer y te sientes herido por eso.

El rencor destruye tu bienestar anímico. Tu alma está inquieta, se siente mal. Tu personalidad cambia; te vuelves una persona más agresiva, más a la defensiva, más sensible de cómo te tratan. Tus pensamientos se tornan negativos. Te vuelves hostil. Reaccionas de tal manera ante tu ofensor que puedes crear un conflicto mayor.

La psicología describe el perdón como un proceso que desarrolla el individuo interiormente y que beneficia más al que perdona que al ofensor.

 ¿Por qué se dice que beneficia más al que perdona?

La Psiconeuroinmunología aclara la relación entre la mente y el cuerpo. El perdón juega un papel importante desde el punto de vista de la salud mental y afecta positivamente la salud física, ya que libera de las emociones perturbadoras que alteran tanto los pensamientos como el sistema inmunológico, endocrino y nervioso.

Luego de diversos estudios, David Felten, neurocientífico de la Universidad de Pensilvania, notó que las emociones ejercen un efecto poderoso en el sistema nervioso autónomo, que regula todo, desde la cantidad de insulina segregada hasta los niveles de presión sanguínea.

 

Cuando vivimos emociones perturbadoras intensas que provocan estrés por ejemplo, se liberan y aumentan en todo el organismo hormonas como adrenalina, noradrenalina, cortisol, prolactina, y opiáceos naturales como la beta-endorfina y encefalina, lo que provoca que la función de las células inmunológicas se vean obstaculizadas, anulando la resistencia inmunológica al menos de forma pasajera; pero si el estrés es constante e intenso, esta anulación puede volverse duradera.

 

Aunque las investigaciones sobre el perdón aún continúan, estudios confirman que las emociones perturbadoras pueden enfermarnos. Se descubrió por ejemplo, que las personas que experimentan ansiedad crónica, prolongados períodos de pesimismo o tristeza, tensión continua, hostilidad o cinismo, debido a una situación de rencor, tenían el doble de riego de contraer enfermedades como el asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas y problemas cardíacos. Lo anterior NO indica que todos aquellos que tengan estos sentimientos serán más vulnerables a una enfermedad. (Daniel Goleman, 1995).

 

Las personas que se imaginan perdonando a su ofensor sienten mejoría inmediata en su sistema cardiovascular, muscular y nervioso.

 

Basados en lo anterior, podemos elegir perdonar por cuestiones de salud física y mental, aunque también podemos otorgar el perdón por cualquiera de las siguientes situaciones:

 

ü  Podemos perdonar como un acto de amor.

ü  Podemos perdonar porque hemos comprendido la actitud del otro. (La empatía es un antídoto contra la ira).

ü  Por liberarnos del sentimiento de malestar y amargura que provoca.

ü  Por agradar a Dios y estar en paz con Él y con nosotros mismos.

ü  Podemos perdonar por desgaste. “Me cansé de odiar”.

ü  Porque queremos sentirnos felices. El resentimiento y rencor restan felicidad a nuestras vidas.

ü  O podemos perdonar simplemente porque queremos crecer como seres humanos y llegar a ser la mejor versión que podamos de nosotros mismos.

Cualquiera que sea el motivo para perdonar traerá a nuestras vidas bienestar físico y emocional, paz interior, armonía contigo mismo y con los demás, sentimiento de liberacióny sumará felicidad a tu vida.

Perdonar es un proceso.  No existe un botón que podamos tocar o una fórmula hecha para que el perdón sea inmediato. Lo que sí es un hecho es que el perdón podemos trabajarlo.

Algunas sugerencias para trabajar el perdón son:

ü  Pregúntate si en verdad quieres perdonar. Debes realmente querer  perdonar y creer que puedes lograrlo para que tu mente no se cierre al proceso. Si no puedes perdonar pronto está bien, tómate tu tiempo hasta que estés listo para hacerlo. Sólo no pierdas de vista  tu objetivo. El perdón permite que quede en el pasado la etapa de la pena.

ü  Aclara en tu mente exactamente por qué te sientes resentido. Tal vez esperabas que la persona te ayudara incondicionalmente en esa ocasión (tenías expectativas al respecto). Tal vez comentó algo que te hizo sentir juzgado o atacado. Quizá esperabas que la persona reaccionara de manera diferente a como tú crees que lo hubieras hecho si hubieras estado en su lugar.

ü  Ve más profundo y trae a la consciencia los sentimientos que se despertaron en ti. No te ocultes a ti mismo ni niegues lo que sentiste. Pudiste haberte sentido poco o nada valorado. No amado. No respetado. Indignado. Celoso. Temeroso. Vulnerable. Triste. Decepcionado. Enojado(a) o con ira.

ü  Revisa lo que sientes en tu cuerpo al recordar el suceso y permítete sentirlo sin reprimirlo. Puedes sentir físicamente dolor en el corazón, sensación de rigidez en los músculos, dolor en los brazos, un nudo en la garganta o cualquier otra sensación. No lo reprimas, permítele manifestarse hasta que  desaparezca por sí sólo, hasta que te “enfríes”. Estas sensaciones se deben a lo descarga hormonal que está sucediendo dentro de tu cuerpo y pueden, entre otras cosas, acelerar tu ritmo cardíaco, elevar tu presión sanguínea y tensar los músculos. Existen pruebas de que tratar de suprimir tales sentimientos en el calor del momento, hace que aumente la agitación del cuerpo y que pueda aumentar la presión sanguínea. Si necesitas llorar, hazlo.

ü  Reflexiona en los pensamientos que acompañan el resentimiento y desafíalos.

ü   Puedes tener pensamientos negativos o pesimistas cada vez que recuerdes el suceso. Al entrar en contacto con estos pensamientos puedes tomar el control de tu mente y pararlos diciendo: “¡Basta!”, y tratar de cambiarlos por pensamientos más realistas y empáticos. Por ejemplo, si estás pensando: “¡Siempre es muy insensible conmigo!” trata de cambiarlo por: “¡Me ama, pero no es fácil para él o ella entender mis sentimientos!”. “¡Si me quisiera no diría lo que dijo!” por: “¡Se sentía muy frustrado(a) para decir lo que dijo, estoy seguro(a) que no tenía la intención de ofenderme!” Desafiar los pensamientos negativos cada vez que éstos aparezcan puede ayudar a bajar la intensidad de la ira.

ü  No te resientas por algo que un tercero te dijo por “tu bien” o “porque te quiere mucho”. Investiga. Tristemente existen personas que gozan dividiendo relaciones. Algunos matrimonios y amistades se han destruido por comentarios malintencionados de terceras personas.

ü  De serte posible, trata de aclarar con la persona lo sucedido. No siempre nuestros juicios son justos. Tal vez malinterpretaste las cosas o no viste la situación de forma objetiva. Puede ser que estés equivocado en tu apreciación de los hechos.

ü  Platica lo que sucedió con alguien de confianza. Con quien no te sientas juzgado y estés seguro que guardará tu privacidad. Tal vez te de un punto de vista que no tenías, y si no es así, hablar te ayudará a desahogarte un poco.

ü  Escríbele una carta a la persona. No necesitas entregársela. Escríbele tus sentimientos y llega en ella hasta el perdón. Después puedes romper la carta si así lo deseas.

ü  Reflexiona si la persona tuvo en realidad intención de herirte. La mayoría de las veces no es intencional. Puede ayudar también recordar que otras personas, o incluso la misma persona con la que te sientes resentido(a), pudieron sentirse heridas por ti cuando no tuviste jamás intención de hacerlo.

ü  Permítele al otro ser también imperfecto. No existe la perfección en el ser humano. Somos seres falibles. Es de humanos equivocarnos.

ü  Escribe en un papel tu deseo de perdón, los motivos por los que deseas perdonarlo(a)  y léelo diariamente.

ü  Concédele derecho a la persona de no reaccionar necesariamente a tu manera. Tratamos de hacer lo mejor que podemos en cada momento. Puede suceder que la persona se haya arrepentido de su reacción primaria y se sienta apenado(a) y no sepa cómo disculparse y acercarse a ti.

ü  No evites encontrarte o tener contacto con la persona en cuando te sientas preparado(a) para hacerlo sin reclamos y sin hostilidad. Sobre todo si la persona pertenece a tu familia o si por la relación que tienen deben verse con frecuencia. Haz uso de tus valores como la educación y respeto.

ü  Si abrazas alguna fe, trabaja el perdón basada en sus principios.

ü  Si tu sentimiento de rencor es muy fuerte pide ayuda profesional. Recuérdate que no vale la pena hacerte daño con el rencor. Mereces vivir en paz, en bienestar y armonía.

Es importante señalar que al perdonar no siempre las cosas vuelven a ser necesariamente como eran antes. Tampoco es sano que tengamos que estar perdonando una misma situación repetidas veces. Aprende a poner límites. Aprende a cuidar de ti mismo(a).

El perdón es una manera de lavar el corazón y la mente. Es purificar el mundo interior. Cuando el indulto se otorga, el recuerdo sigue, pero ya no hace daño. Perdonar es un regalo que te haces a ti mismo.

 

¿Tienes algo que perdonar? ¡Te invito a que comiences a trabajar en él hasta lograrlo!

 

 

Mily Zavala Moreno.

Hipnoterapeuta.

Estudiante de Tanatología.

Curso de emociones.

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