La fiebre del oro en el Draft de la NBA no garantiza la riqueza

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No todo lo que brilla es oro y en la NBA hay muchos ejemplos de cómo quedar cegados ante la presencia de sabia nueva dorada. En términos generales es fácil caer en la tentación de elegir a jugadores a los que durante toda su vida les han dicho lo buenos que son y desdeñar a otros que han tenido que batirse el cobre para hacerse un hueco en la mejor liga del mundo.

El mercadeo de talentos está a punto de comenzar y los movimientos previos al Draft 2017 no se dejaron esperar. Boston Celtics sacrificó la primera posición, o lo que es lo mismo, a Markelle Fultz, para elegir en tercer lugar y adquirir una primera ronda en 2018 o 2019. La estrategia se traduce en que los de Massachusetts prefieren tener a un top 3 y un jugador de primera ronda en lugar de al más destacado de la clase de 2017.

En la fiebre del oro no hay nada garantizado. Era difícil que los LeBron James, Kevin Durant y James Harden salieran rana, sin embargo los fracasos en las elecciones de los prospectos más atractivos han sido una constante a lo largo de los años (Anthony Bennett, Greg Oden, Michael Olowokandi…). Incluso equipos que contaron con numerosas elecciones de draft altas, como Minnesota Timberwolves o Philadelphia 76ers, aún no fueron capaces de despegar.

Al mismo tiempo, otros jugadores por los que pocos daban un céntimo se convirtieron en referencia de la NBA. Draymond Green fue elegido en el puesto 34, Jimmy Butler en el trigésimo, Hassan Whiteside lo fue en el trigésimo tercero, Kawhi Leonard en el número 15, Stephen Curry en el séptimo, Rudy Gobert en el vigésimo séptimo o ¡Isaiah Thomas en el puesto 60!

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