Un héroe en el olvido: “Viejo” Nava, subcampeón en los Juegos Panamericanos en 1955

Valora este artículo
(0 votos)

Representó a México, jugó varios años con el América, donde ganó un par de campeonatos y un campeón de campeones, pero “nunca recibí un peso del fútbol”, y jugaban con garra y pasión. Una medalla de plata su más grande tesoro, al que atesora y guarda con recelo

POR Sergio Masté / www.diagonalsport.com.mx

Hace 61 años  Víctor “Viejo” Nava Torres aún celebraba la medalla de plata obtenida en los Juegos Panamericanos al caer en la final ante Argentina; hoy a sus 83 años, los recuerdos hacen que sus lágrimas se asomen en sus ojos: “representé a México y jugué por varios años para el América y nunca cobré un peso, jugaba por amor al fútbol; a diferencia de hoy los jugadores se caen como muñecos de papel cuando tantito los tocan, por lo que los exhorto a enamorarse del fútbol de entregarse a esa pasión que se siente cuando patea uno el balón”.

Los II Juegos Panamericanos se inauguraron el 12 de marzo en el Estadio Universitario en 1955 (hoy en día llamado Estadio Olímpico Universitario).

Un total de 2 mil 583 atletas de 22 naciones participaron en el desfile inaugural.

Del 13 de marzo al 22 de marzo de 1955 se realizó el fútbol. Cuatro equipos realmente compitieron: Argentina, México, Antillas Neerlandesas y Venezuela.  La final fue entre Argentina y México, una final que se decidió por la vía de los penales y se perdió. A la selección nacional de fútbol le entregaron su medalla de plata.

“Esta medalla es mi más grande tesoro, la guardó y la protejo con recelo”, dice muy firme y sosteniéndolo con la mano. Una medalla que en el canto se puede leer su nombre, en una cara muestra a un atleta corriendo y sosteniendo una antorcha, y en el otro lado la imagen de Ciudad Universitaria.

 

JUGABA CON PELOTA DE TENIS

 

Pero ¿quién es Víctor Nava Torres?, se preguntará usted.  Aquí algunos detalles y pasajes de sus vida:

Nació en 1933 en la Villa de Tacubaya, un pueblo histórico que, por el crecimiento de la Ciudad de México, en la primera mitad del siglo XX se conurbó con y ahora forma parte del estaso 32 de la República Mexicana.

Estudió su preprimaria y primaria en el colegio Alemán “Alexander Von Humboldt”, a esa edad ya le fascina el fútbol: “jugaba en la calle con una pelota de tenis, ahí me vieron patear y divertirme con aquella pelota que me invitaron a jugar en un equipo de fútbol infantil”.

Es ahí en la primaria donde se gana el mote del “Viejo”:  Ahí su hijo, del mismo nombre, nos comparte esa anécdota: “En el salón de clases ordenaba lo que se tenía que hacer para mantener el orden y la disciplina, era muy estricto y hablaba muy fuerte, a muchos de sus compañeros no les gustó por lo que cuando lo venían venir al salón decían ‘ahí viene el viejo gruñón’ o donde lo veían decían ‘ahí está el viejo gruñón’. Lo gruñón se le quitó pero le quedó ‘El Viejo’”.

Hacía de todo con tal de jugar el balompié, se levantaba muy temprano para ayudar en las labores de su casa, después corría con sus compañeros que les gustaba el futbol. “Para asistir a participar en algunos partidos nos tocó lavar camiones de basura. Jugábamos en un campo que estaba cerca del aeropuerto, un campo de tierra pero nos divertíamos y disfrutábamos el juego. En la noches dormía con el balón abrazado”.

 

DEBUT ANTE EL ZACATEPEC

Al entrar a la secundaria alguien lo recomienda a las fuerzas básicas del América, en aquel entonces vivía una de sus peores años de su historia. “Debuté a los 18 años ante el Zacatepec como extremo delantero; en un partido ante el Puebla me hirieron con los tachones en el muslo en una entrada muy fuerte, tengo la cicatriz (nos la muestra para comprobarlo), pero no había más cambios, solo me la vendaron y continué jugando hasta el final.

“En aquel tiempo era fútbol, de garra, de pasión; el General Núñez, del Atlante, recuerdo que cuidado y cayera un jugador que le mentaba la madre, era un látigo. Eran tiempos de unidad y apoyo el entrenador, pero las cosas no salían bien”.

En 1951, un América desesperado por la situación económica, decide nombrar a Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, conocido como Mario Moreno, y más como Cantinflas, como presidente honorario del conjunto, con la esperanza que éste aporte su ayuda, pero por sus múltiples ocupaciones no pudo apoyar moralmente ni económicamente al equipo pero sí se tomaba la foto de vez en cuando, como aparece en la imagen que nos muestra “El viejo” Nava.

En 1954 con el América juega una final de Copa ante Chivas el 12 de mayo, tras un enorme juego termina el partido en un empate pero en la tanda de penales de coronan campeones.

 

REPRESENTA A MÉXICO EN LOS PANAMERICANOS

 

En el año de 1955 Víctor “Viejo” Nava Torres es invitado a participar en la selección nacional de fútbol para participar en los Juegos Panamericanos. Ahí obtiene la medalla de plata, una preciada joya de la cual se siente orgulloso por representar a México y lamenta que ahora los futbolistas no se entreguen al cien por ciento.

También en 1955, logra el bicampeonato con el América al vencer de nueva cuenta a Rebaño Sagrado y días más tarde en Campeón de Campeones al ganarle al Zacatepec, que era campeón de liga, 3-2 en una final disputada.

En 1997 tuvo que decidir entre el fútbol o sus estudios universitarios en la UNAM, su pasión por el fútbol no le dejaba dinero, y los estudios los absorbían, él afirma no haber cobrado ningún peso en el América, en el que hizo alrededor de cuatro decenas de goles. Una noche larga y en la cual lloró pero dejó el balompié y se graduó como ingeniero en 1988. “En mi vida solo hay un equipo y se llama América y lamento que hoy día los jugadores no se entreguen al cien por ciento, no hay sacrificios pese a que ahora les pagan.

“Yo nunca nunca obtuve un peso del futbol y fue un orgullo representar a México por amor. Aprendí a utilizar ambas piernas en el balompié, un español apodado ‘El Chavo’ me ayudó, me enseñó a patear con las dos piernas y al fina lo logré”.

En tierras cancunense desde hace un año, un héroe que se enamoró del fútbol a muy corta edad y que algún día probó el compañerismo en el futbol, con una enseñanza estricta a su familia y a la disciplina, pero con una sensibilidad a flor de piel.

En 1959, cuando ya no jugaba profesionalmente,   Emilio Azcárraga Milmo, dueño de una de las empresas televisoras con mayor éxito a nivel mundial, decidió comprar al equipo capitalino, decano del futbol nacional que atravesaba por una mala situación económica. Don Isaac Besudo, llamó a los jugadores y al entrenador Fernando Marcos y los reunió en el restaurante El Gallito, en Insurgentes. Ahí, tras una comida típica, presentó a Emilio Azcárraga, nuevo dueño del club.

En 1962 inició la construcción del Estadio Azteca como parte del proyecto para obtener la sede de la Copa Mundial  de Fútbol de 1970. Fue inaugurado el 29 de mayo de 1966 con un encuentro amistoso entre los equipos América y Torino, que concluyera con empate a dos tantos. El primer gol fue obra del jugador americanista Arlindo dos Santos.

 

Aquí el texto realizado cuando sus compañeros lo apoyaron al enfermarse:

 

Y TODOS JUGARON PAL “VIEJO”

 

Tan cumplidor el chamaquito…

No faltó a un solo entrenamiento.

Todas las mañanas, al despuntar el día, tomaba –como el buen estudiante que toma amorosamente sus libro-, los avíos de un futbolero.

Minuciosamente inspeccionaba sus botines. Les daba lustre, como el chamaco que forra hermosamente su libro, así lo hacía Nava. Y al brillo aquel de sus botines, forjaba una ilusión; la de jugar por su patria, por el Patria y con los suyos…

Antes que nadie, ahí, sentado en las tribunas, esperaba la hora de las prácticas. Siempre serio. Sonreía sólo cuando le salía una jugada bien –que siempre le salían…. Porque su fina y cara sensibilidad de artista, esa pasta de ídolo que  Dios le dio, con el potro indomable de su interior, se internaba velozmente por la línea de banda y destapando el pomo de su esencia nos deleitaba con una jugada, sólo concebida por él…

Me decía: -Yo soy feliz, tengo a mamá cerca, y quiero  a mi futbol…

-Solo un sueño tengo; representar a México en un partido de campanillas. Y el chamaco apuntaba. Era el títular del puesto. Del ala derecha.

Pero una traicionera enfermedad lo postró la víspera del partido, en la cama… Lloró como un chiquillo. Como lo que es… A pesar de que le digan el “Viejo”, Nava es chamaquito de corta edad.

La mañana del partido no pudo ni siquiera salir a la calle, Ahí pegado al radio escuchó estas espirituales palabras de sus inseparables camaradas: ¡Jugaremos por el Viejo!

Y ahí pegado a la radio, en la película de su imaginación vio cómo el “Flaco” Arrieta abrió el camino d ela victoria, de la gloria… con un pase geométrico, magistralmente dibujado a Palmer…¡El que se internó para clavar el goool!

Ahí se olvidó de la enfermedad. Saltó, brincó y al potro indomable de su interior le dio rienda suelta…

Después el resultado  favoreció –gracias a Dios- a los muchachos. Los que habían jugado por el “Viejo”.

Lástima, se dijo, no pude hacer el gol que le prometí al padre Hernández Prieto.

Sólo se explicó para sí: estoy contento porque los muchachos ganaron, y soy feliz porque tengo cerca de mamá y el fútbol me ha acercado más al Dios…

Dios bendiga a Víctor “Viejo” Nava Torres y a su familia, gracias por compartir su historia. Un mexicano ejemplar que representó a su país y al América, equipo de sus amores, sin haber recibir un quinto. Hoy vive en Cancún y con la esperanza de volver a ver la pasión y la garra en la cancha.. Un héroe del fútbol mexicano en el olvido.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Best gambling websites website

PORTADAS DEL DÍA

1647843
Hoy
Ayer
Esta semana
Ultma semana
Todos los días
987
1898
10741
11766
1647843